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Pescando perlas

 
 

No sé si estoy "al borde de un ataque de nervios" o como insinuaba la semana pasada vía FB, "al borde de un ataque de calma". Lo que sí sé es que estuve y sigo: al borde. O sea, en tránsito, en movimiento.

Mi vocecita Mosca Muerta me dice al oído que ahora me enfoque en lo que sí funciona y funcionó en estos días y que sea el deseo (y no el hartazgo) el que me tire letra.

He aquí, pues, mis perlas.

Sábado: Cortarme el pelo con Santiago. Espera no tan larga y una charla amena, como siempre. Lo mejor de esa circunstancia: que él finalice su trabajo y yo no tenga ningún pero. "Si a vos te parece bien, yo no objeto nada". Absoluta confianza.

Estar en el parque con algunas de ustedes, en un encuentro distinto, más íntimo y reducido que de costumbre. Que Dharma se abra y cuente parte de su historia de vida y del actual contrato con su pareja. Interesarme, admirarla. Escucharla decir, no sin orgullo: "me encanta poder trabajar yo ahora y que él (por su novio) pueda dejar de hacerlo (un tiempo), estudiar lo que le gusta para el día de mañana poder trabajar de ello".

Almuerzo de domingo en lo de Yanet. Amiga puérpera con bebé de 6 meses casi: Camilo. Descubrirla arrobada, embobada. Decirme, pues: "ohh, sí, las puérperas no son sólo mujeres ensombrecidas. También están en calma, muy en calma (a pesar de su cansancio) y se las ve felices, sobre todo si están bien contenidas".

Por la noche, deleitar a retoñas con una destreza mínima. Bué, destreza. Estoy hablando de hacer flores con moldecitos de masa, ninguna ciencia. Salirme de la mente y estar en presencia, atenta, disponible, escuchándolas.

Esa misma noche a las 3 am, sentarme a meditar y a hacerme reiki. Recordarme: "hay una Inés que todavía sigue desaparecida. Escuchate. Date más vida social y consumí más arte. Recuperá inquietudes, seguí arriesgándote".

Merienda de feriado con limonada y budín de limón, con costra de glacé empalagosa. Salir de ese café esnob y que Fede me tire: "me voy a la plaza, andate por tu lado a escribir el post." Ir escribiendo en tandas, deteniéndome en los cordones de las puertas de las casas o veredas. Confirmarme: "no sé qué sería de mi vida sin esta obligación casi diaria de ser escrita. Por muy gris, muy tensa, confusa y demás adjetivos, por muy lo que sea... cuando me centro y escribo, ahhh, pareciera que ese solo hecho todo lo repara. Gracias, Mosca Muerta".

Y qué maravillosas son las coincidencias. Terminé de escribir lo anterior y en eso, levanto los ojos y descubro no ya a una voz (imaginaria), sino a Melanie, mi maestra de danza, aquella que dijera la frase que durante los primeros 2 años de blog funcionó de subtítulo ("y esto recién empieza"). Me abro, le cuento brevemente cómo estoy, qué me pasa. Entonces ella me tira: "mirá ese cantero. Podrías ponerte a limpiar lo viejo y preparar la tierra. O simplemente centrarte en lo nuevo, más que nunca (en lo tuyo) y que esa nueva vida arrase con los yuyos. Hacé esto último".

Oh, gracias.

¿Cuáles serían sus perlas de este último fin de semana?

 
Pescando perlas (¡en mi cartera!). 


 
Sedienta. 


 
Mami, mirá qué linda flor. 


 
Con Indira, en casa de ella. 


 
Llueve y hay sol. 
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