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¿Estancada? Salí de tu zona de confort

Si sentís cierta comodidad que no te permite dar el salto hacia un futuro mejor, te damos una guía de acción para que no duela la caída y te animes

 
 
 
Foto: Anahí Bangueses Tomsig. / Producción: Lulu Biaus.

Por María Eugenia Castagnino.

Venís navegando tu vida tranquila, a velocidad crucero, y estás perfectamente acompasada a ese ritmo e incluso lo disfrutás, pero también, en ese mismo panorama, puede pasar que te sientas un poco "achanchada". ¡Entonces, llegó la hora de sacudirte un poco! La vida tiene la maravillosa capacidad de plantearnos nuevos desafíos todo el tiempo, cambios y evoluciones. A veces, los dejamos pasar a propósito, porque estamos muy bien acomodaditas en nuestra cálida "zona de confort", esa especie de "VIP mental" en donde nos tratan bien y nos sentimos especiales y seguras. Ese es nuestro espacio; ahí no nos falta ningún recurso que nos asegure el bienestar. Sin embargo, en nuestro cerebro existe una zona -ubicada en el lóbulo prefrontal- encargada de las funciones ejecutivas, que es la que evalúa lo que nos rodea y lo que sentimos para organizar qué hacer. ¿Cómo? Ayudándonos a establecer nuevas metas, formando planes y programas, dotándonos de iniciativa para iniciar tareas y permitiéndonos que las llevemos a cabo eficientemente. El cerebro, ese "gran sabio" inconsciente, está ahí tomando decisiones y manejando una gran cantidad de datos externos e internos, como sensaciones y emociones, para comprender así qué significado tiene cada situación.

¿Cuál es tu naturaleza?

La pregunta es: ¿por qué salir de la zona de confort si estamos tan, pero tan bien? Porque también necesitamos esa adrenalina que nos da el enfrentar cosas nuevas, el atrevernos a hacer algo valiente, a sentir emociones que jamás experimentamos. La zona de confort siempre es ese espacio cálido donde nos movemos como en casa, porque tiene que ver con nuestra identidad, con nuestras costumbres y hábitos, e incluso con nuestro temperamento.

Sabemos bien que tendemos a compararnos con aquello que no poseemos: si somos arrojadas por naturaleza, el pensamiento natural va a ser: "Pero ¿cuándo vas a aprender a pensar antes de hacer las cosas?"; y si sos miedosa, lo más probable es que te machaques diciéndote: "¿Nunca te vas a animar a hacer algo diferente?". Para cuidarte y prever este tipo de reacciones, es importante identificar si sos más aventurera o miedosa. Hay gente que siempre está dispuesta a correr los límites, a animarse a lo nuevo, y que está permanentemente buscando intrépidas metas, como así también todos conocemos a personas que vienen con un plus de "miedos de fábrica" y cuyas personalidades son más propensas a quedarse en el molde. Estas últimas suelen tener menos actividad en sus lóbulos prefrontales izquierdos, que son aquellos encargados de organizar la acción. ¿Cómo sos vos? ¿Sos de las que están desde hace veinte años trabajando en la misma oficina -a pesar de que se mueren de ganas por arrancar un emprendimiento propio- porque es más seguro? ¿O sos de las que empiezan entusiasmadísimas un curso de acrobacia y circo cuando jamás en su vida lograron hacer una vertical en la secundaria? Sucede que esta capacidad de quedarnos quietitas y cómodas o, por el contrario, de obligarnos a sacar las mujeres audaces y valientes que tenemos dentro es algo que va más allá de las ganas y las posibilidades concretas. Y quizá la gran pregunta no sea si te animás o no a salir de tu zona de confort, sino la forma en que lo hacés. En esa diferencia radica la clave. Por eso, te proponemos que aprendas diferentes modos de enfrentar un nuevo desafío y algunas herramientas para darte ese último "empujoncito" que te falta para abandonar (aunque sea por un rato) el plácido puf de la vida cotidiana. ¿Te animás?

 
Foto: Anahí Bangueses Tomsig. / Producción: Lulu Biaus.


CLAVES PARA ENCONTRAR EL EQUILIBRIO

** Contá con quiénes te rodean.
** Evaluá la relación entre los costos y los beneficios: no te confundas, salir de la zona de confort no implica estresarte.
**Tené confianza en tu background: en esos momentos de incertidumbre, poné toda tu atención en enfocarte y revisá tu historia personal. ¿Para qué? Para repasar tus logros, tus talentos y capacidades.
** Ilusionate con los buenos resultados: imaginar resultados positivos genera el terreno fértil para que sucedan.
** Recordá que el presente influye: si estás pensando en un desafío muy grande, pero estás en tu cama acostada y súper relajada, es entendible que te cueste más; lo fundamental es que nuestro presente sea congruente con lo que deseamos hacer.
** Obligate a establecer deadlines, fechas límites que te ayuden a focalizar lo que querés.

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