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Paola Barrientos: conocé a la revelación de Graduados

Nuestra chica de tapa que hasta hace poco era "la del aviso del banco" hoy la rompe en Graduados; charlamos con ella sobre su carrera, su hijo, sus miedos y su gran momento

 
 
 
Remera con escote bote de algodón (Paula Cahen d''''Anvers, $280), falda con varias capas de tul superpuestas (Sathya, $840).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


Por Carola Birgin y Soledad Simond


De pronto, después de una de las fotos para la cual regaló su mejor sonrisa, nos cuenta que tiene ganas de llorar. Y no es que esté triste, ¿eh?, ¡para nada! Está muy, muy feliz. Tampoco es que se sienta frustrada. Al contrario: es un momento de consagración. En lo profesional, porque, tras años de una rica carrera teatral, se hizo famosa por el aviso de un banco y hoy es una de las actrices principales de la tira suceso de Telefe: Graduados. Además, está por estrenar la obra Las criadas, en el teatro Alvear. En lo personal, porque -como nos dirá más tarde- tiene una familia hermosa que la banca y que le recuerda qué es lo verdaderamente importante: su marido, su hijo, Jano, de tres años, sus viejos. Las ganas de llorar de Paola Barrientos son por cansancio. Es que está agotada. Unos días después de la producción fotográfica, ya más tranquila y en un barcito de su barrio, Boedo, se pide un café con leche y nos explica: "A mí no me da miedo estar cansada, lo que me agobia es otra cosa. Porque considero que cualquier mujer que trabaja y tiene familia está cansada; además, podrá estar contenta, enojada, en otro momento tal vez dolorida, pero ¿cansada? Cansada está siempre. Entonces, no es eso lo que me preocupa cuando me encuentro muy pasada. Lo que me da miedito y por lo cual me obligo a mantenerme atenta es que se me pase la oportunidad de disfrutar lo que estoy haciendo".

-¿Sentís que te está pasando?

-Bueno, a veces me doy cuenta de que estoy grabando y pienso: "Ay, que se termine rápido para llegar al ensayo", y cuando estoy en el ensayo: "Quiero terminar así vuelvo a casa". Por suerte, por ahora -no sé a fin de año- todavía tengo la lucidez de pensar que no está bueno que sea así. Entonces, me tomo 15 minutos para bajar, refrescar... Y para aprender: si otra vez vuelvo a hacer teatro y televisión al mismo tiempo, chicas, les ruego que vengan a buscarme y me digan que no lo haga más. Es mucho.

-¿De dónde sacás las pilas?

-Es que me gusta mucho lo que hago, por eso no quiero dejar de disfrutarlo. Yo ya sabía que me daba mucho placer hacer teatro, lo de la tele lo empecé a disfrutar con el tiempo, y también a dejar de preocuparme con algunas cosas. Aprender a trabajar en tele, para mí, fue un gran movimiento. Claramente hay otras prioridades, y poder acomodarme a eso me llevó bastante tiempo.

-¿Lo conseguiste?

-Siento que sí. El miedo a decepcionar, la incertidumbre de gustar o no gustar, de ser aceptada, de ganar un terreno propio, es un gran desafío. Pero a mí me dio mucha serenidad encontrar mi propio estilo, sentir que estaba pudiendo llevar algo de mi manera de actuar a la tele y encontrarme a mí misma ahí. Ahora sé que si me equivoco, no pasa nada.

-¿Qué es "equivocarse"?, ¿elegir algo que te desvíe de la carrera que venís llevando adelante?

-Puede ser. Porque la televisión es implacable. Una está muy expuesta a la opinión y a una intensidad muy alta: al amor absoluto y al odio descarnado. Entonces, si gusta lo que hacés, gusta muuuucho, sos una genia. Y para mí no es así. De pronto sos la actriz del momento y un día defraudás a todos... En ese sentido, digo que está sobrevalorado el deseo de estar en televisión, éstas no son las cosas que me llevaron a mí a ocupar espacio hoy, y son cosas que me han costado un montón de reflexiones y con las que sigo lidiando. No peleando, ¿eh?, pero sí intentando ver cómo se convive con esta situación.

 
Remera con escote bote de algodón (Paula Cahen d''''Anvers, $280), falda con varias capas de tul superpuestas (Sathya, $840).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


-Es que llegaste a la televisión después de haberte formado mucho y de haber hecho mucho teatro...

-Claro, si esta situación de "fama" te llega a los 20, es muy diferente que a los 38, como tengo yo, cuando ya hay un montón de cosas importantes vividas que hacen que puedas relativizar de otro modo lo que va ocurriendo. Ya tuviste un hijo, perdiste seres queridos, todo eso que nos pasa a las personas y que te van posicionando diferente frente a las cosas.

-Nos quedó claro: no fuiste a la tele en busca de ser famosa.

-Es que la tele no fue buscada por mí. No sé, para mí lo que tiene sentido es actuar; no me interesa estar linda o flaca en una foto y hacer una nota o ir de invitada a un programa, son cosas que me provocan una sensación de rareza.

-¿Nada, nada te importa si salís linda o flaca?

-No, bueno, me gusta verme bien, pero no sé, porque ni siquiera leo las notas que me hacen.

-¿Esta nota la vas a leer? Por favor...

-No sé... (risas). Igual, mi mamá las lee, ¿eh?, y dice: "Ayyy, qué linda". A mi mamá le gusta cualquier cosa... No es que no me importa, tal vez sea que me impacta mucho, no sé. La palabra escrita, para mí, es como una sentencia, entonces me da como un pudor, y la verdad es que sí, miro la foto y si me gusta, hasta me quedo mirando un poquito.

 
Vestido con bolsillos y pitucones (Maria Cher, $798), pantalón tejido (Paula Cahen d''''Anvers, $420).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


-¿Hiciste o hacés terapia?

-Hice, pero no mucho. Me mandan todo el tiempo.

-¿Quiénes te mandan?

-Amigos. Y mi mamá, que es psicóloga.

-O sea que tu mamá debe inspirar en algo a tu personaje. ¿Hay un margen de improvisación o está todo recontra guionado?

-Hay de todo. A veces se improvisa en los ensayos y se repite. Además, los guionistas te van conociendo y escriben un poco en función de eso.

 
Blusa de gasa con cuello baby bordado y perlitas (Sathya, $847).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


-Debe haber mejorado bastante tu situación económica haciendo tele a este ritmo; ¿en qué cambió tu vida cotidiana?

-Qué sé yo, el cambio más grande es que ahora tengo un auto. Y eso me cambia el humor. Porque puedo ir a grabar a Martínez en mi auto y no en el bondi. Me cambia, básicamente, porque hubo mucho tiempo que no tuve trabajo, o que trabajaba en una cooperativa, y ahí vos no sabés de cuánto va a ser tu ingreso. A veces es de mucha incertidumbre, de angustia. Pero yo siempre sobreviví actuando, inventándome la forma, haciendo trabajos más felices que otros. Es cierto que tener un sueldo varios meses seguidos da cierta tranquilidad.

-¿Sos organizada?

-Bastante, pero no por naturaleza sino por necesidad. La organización la logro a base de un esfuerzo descomunal.

-¿Lográs ahorrar plata?

-Sí, porque no soy de gastar en exceso. Yo crecí así: en mi familia estuvimos bien, pero tranquilos. Mis viejos estudiaron de grandes y se recibieron cuando ya tenían tres hijos. Nos podíamos ir de vacaciones, pero no nos comprábamos una campera todos los años. Cuando yo no tengo guita para comprarme algo, no lo sufro, y cuando la tengo, tampoco es que gasto compulsivamente en cosas que no me interesan. No me gusta comprarme ropa porque no me gusta probarme, no me gustan los perfumes, no me maquillo...

-¿Y en qué gastás?

-Bueno, ahora, principalmente, ¡¡¡en niñera!!!

 
Vestido de brocato (Caro Müller, consultar precio), chaqueta de paño con botones facetados (Caro Müller, $2194), medias translúcidas (Silvana Swiss Origin, $65) zapatos con taco chupete (Perugia, $1670).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


-Complicado manejar horarios tan cambiantes y jornadas tan largas con un nene chiquito, ¿no?

-Sí, es complicado. Por suerte, Conrado, mi marido, se ocupa un montón. Y mis padres. Ahora, él viajó a Alemania y yo tuve que ir a Bariloche a grabar Los graduados, mis viejos dejaron sus consultorios y se vinieron a casa. Tengo mucha ayuda en ese sentido, me re bancan.

-¿Este apoyo te ayuda a equilibrar en momentos de tanto estrés como el que estás pasando?

-Es esencial. En casa, mi hijo, Jano, le da sentido a todo. Vuelvo, estoy un ratito con él y es eso: todo lo demás se vuelve circunstancial. Mi marido también. Circulamos con mucha salud en ese sentido, y es algo que me contiene un montón. Los afectos son fundamentales para que uno se pueda mantener con salud y alegría.

-¿Cuándo lo ves a tu hijo?

-Eso es re triste. Porque a veces vuelvo del ensayo a las doce de la noche y él está durmiendo. Cuando me voy, muy temprano a la mañana, él está durmiendo. Cuando llego esa noche, ya se fue a acostar... Hay semanas en las que sucede eso 48 horas seguidas. Pero Jano es un divino, me la hace bastante fácil.

-¿Qué hacés cuando pasa eso: llorás, te enojás, morís de culpa?

-¡Me peleo con mi marido! (risas). Él sabe qué me está pasando en realidad, así que me la banca. Por eso digo, tengo mucha contención por parte de mis afectos.

 
Remera de algodón con escote bote (Paula Cahen d''''Anvers, $280).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


-Una amiga a la que le pasaba eso despertaba a su hijo a la noche para estar un rato con él.

-Ay, no. Yo, por ahí, me acuesto un ratito al lado de él y me duermo. Si tengo que grabar pocas escenas, lo llevo conmigo. Jano es muy tranqui, se queda con todo el mundo. Por eso, a veces me da miedo pensar en otro hijo, porque éste me la hizo tan fácil que se me viene la noche...

-¿Te costó decidir tener un bebé?

-No. Yo creo que fue un poco inconsciente la decisión, y me parece que de otro modo nunca me hubiera atrevido. De hecho, ni estábamos viviendo juntos cuando surgió la idea. "¿Tenemos?" "Bueno, dale"...

-Entonces, ¿encaraste convivencia y maternidad todo al mismo tiempo?

-Sí, porque era el momento. Yo tenía 34; Conrado, 45; los dos ya habíamos tenido otras convivencias, experiencias, cuestiones... No sé, para mí, ésta siempre fue una relación muy diferente de las anteriores, más relacionada con cierta madurez. No fue una decisión apresurada, se dio. Y al año, más o menos, nos casamos.

-¿Estás "legalmente" casada?

-Sí, sí: casada. No de iglesia, pero sí de vestido blanco, que me lo hice yo, me lo cosí con mis propias manos...

-Sos una madre a la vieja usanza: ¡casada y que cose!

-Mi abuela era hija de sastre y costurera, y nosotros vivíamos con ella. En su casa aprendí a coser, a tejer..., me encanta. Hice muchos mamarrachos y fui aprendiendo a los ponchazos, haciendo.

 
Remera de algodón con escote bote (Paula Cahen d''''Anvers, $280).  Foto: Anahí Bangueses Tomsig. Producción: Carol Schmoisman


-¿Te hacés tu ropa?

-No tanta, pero me hice un par de cositas que zafaron. Igual, mucha bola no le doy a la ropa. Me resulta muy importante estar cómoda, entonces me tenés que arrancar la calza con los dientes. Un taco tiene que ser una ocasión muy particular, y eso que por mi contextura física lo re necesito. Pero ahora empecé a usar un poco de aros y eso...

-¿A qué te referís cuando decís "ahora"?

-A que ahora ya soy más señora (risas).

-¿Qué cosas sentís que te hacen más señora?

-Cuando se refieren a mí, escucho que la palabra "señora" empieza a estar mucho más presente. Y ahí caigo. O me veo haciendo cosas que a esa edad me parecían de "gente grande"...

-Y el cuerpo, ¿te empieza a pasar factura y te tenés que empezar a cuidar más?

-Sí, sí... Con mi niño me pasó, fue una panza muy grande, y nunca pudo volver a su origen. Cambié la manera de vestir también dependiendo de cómo va evolucionando el cuerpo. No tiene que ver con la moda o con el gusto sino con lo que puedo llevar con dignidad. Claramente: de los 20 a los 30 hubo una diferencia...

-Encima, Graduados te hace mirar para atrás, a una etapa tan fundante como la adolescencia. ¿Te da nostalgia?

-No, porque, en realidad, la adolescencia no es una etapa muy feliz. Yo ahora, de grande, estoy bien. No tengo ganas de tener 16 de nuevo. En lo del revival, cuando actuamos de los 80, veo que hay cierta malicia. Nos divertimos mucho actuándolo, porque, teniendo cerca de 40 años, hay muchas cosas que padeciste a los 17 de las cuales ya te podés cagar de risa. Y eso es como quitarse un mochilón. Digo, hay cosas que le suceden a Vicky, mi personaje, que yo las pude haber vivido a los 16, ese "no le gusto a nadie", por ejemplo, es una situación dolorosa. Volver hoy sobre eso y quitarle el dolor, poder tener una nueva visión sobre eso y saber que todo pasa, está bueno... Y de la misma manera, entender que muchos problemones que nos hacemos hoy, dentro de unos años, hasta pueden llegar a darnos risa de nosotras mismas.


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