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Charla de chicas con Julieta Ortega

Este parece ser otro gran año profesional para la hermana más grande de los Ortega, pero ella va por más; mamá de Benito y soltera, confía en los deseos que lanza al universo y espera un hombre que sea para toda la vida

 
 

 
Camisa de gasa a lunares (Paula Cahen D´Anvers, $640), jeans cigarette (Paula Cahen D´Anvers, $510).  Foto: Sebastián Arpesella


Por Violeta Gorodischer y Soledad Simond
Producción de María Salinas

Nos encontramos al mediodía en Voulez Bar, cerca del Jardín Botánico, un restó estratégicamente ubicado cerca de su casa para no faltar al almuerzo con su hijo, Benito. Ya terminó su escena del día de Graduados, la nueva tira de Telefe, y después de la entrevista tiene pensado llevarlo a la pileta de Mex Urtizberea. Pero se tienta y se pide una pizza con queso brie y rúcula. "Estás más flaca", le decimos, aunque no parece estar siguiendo una dieta. "Puede ser, mucha gente me lo dice, pero yo ni me peso, no tengo balanza", cuenta. Y así, con una pregunta al pasar, comienza una charla profunda, llena de certezas e incógnitas del azar.

Contanos de qué se trata Graduados.
Se trata de un grupo de amigos de la escuela que hoy tienen 38 años pero viven como si tuvieran 18. Ellos decidieron que nada iba a cambiar. Los protagonistas son Nancy Dupláa y Daniel Hendler. Nancy es como la chica linda del colegio, del grupo de los populares, y Hendler no (risas); junto con Mex Urtizberea y yo éramos el grupo de los más hippies, los más colgados.

¿Y qué onda tu personaje?, ¿te sentís identificada en algún punto?
No, absolutamente en nada. Ella dice que no tiene interés en atarse a nada y en ningún tipo de relación con compromisos: no quiere hijos, no quiere casarse, no quiere novio, sólo quiere estar con sus amigos. No parece interesada en nada de lo que parece interesarles a las chicas de esa edad. Hay como una cosa de que si pasaste los 35 años y querés ser madre, algo empieza a pesar. Y también está esa sensación de "tendría que estar haciendo todo para conseguirlo".

VIDEOJulieta Ortega en la tapa de OHLALÁ! de marzo
 


Está liberada de mandatos...
Sí, no le interesa lo que "se debe" hacer. Pero para mí, por ejemplo, tampoco fue importante eso. Hay un montón de cosas que yo quise y quiero, pero no porque siento que son un mandato, sino porque son un deseo real. Es saber lo que querés, lo que necesitás y qué te va a hacer feliz. ¿Por qué no puedo tener todo lo que quiero? Si algo en el medio no funciona como esperabas, bueno, es una posibilidad: sabemos que te podés casar y separar, sabemos un montón de cosas, y más la gente de nuestra generación, tenemos ese hit incorporado. Lo que está bueno es decir: "Yo quiero esto".

¿Siempre tuviste esas certezas?
Tuve algunas certezas, con respecto a mi profesión, a querer ser actriz. No recuerdo haber querido hacer otra cosa. Nunca me distraje mucho, nunca estuve a la deriva, terminé el colegio y sabía que iba a estudiar teatro, que no iba a ir a la facultad, que no iba a hacer otra cosa. Pero con lo del mandato no es algo con lo que me identifique porque no es que decía: "Yo me quiero casar, quiero tener una familia". Lo único que siempre me quitó el sueño es la búsqueda de un compañero para toda la vida.

¿Todavía te pasa?
Sí, tengo un hijo divino, trabajo de lo que me gusta, me gano la vida con eso, tengo una vida linda..., pero me pasa. La otra vez, leía en la OHLALÁ! una nota a mi amiga Leticia Brédice. Ella decía: "Mi punto flojo siempre fue el amor". Lo leía y me emocionaba, porque es mi íntima amiga y hemos hablado de eso muchas veces. Yo decía: "Claro, el mío también".

 
Remera con estampa (AyNotDead, $398), Short de seda AyNotDead, $368), plataformas de cuero bicolor (Trosman vintage), sombrero con plumas (Compañía de Sombreros, $546).  Foto: Sebastián Arpesella


¿Qué buscás en un compañero?
Supongo que en distintos momentos de tu vida debés estar buscando otras cosas. Hay cierta solidez que una empieza a necesitar en un hombre, que no tiene que ver con lo económico ni con la edad; hay tipos de 40 años que no están en ese lugar, y eso, como mujer, lo sufrís. Me parece que busco eso, un hombre en quien también pueda descansar. Yo siento que la verdad es libertad y no soy mentirosa, no tengo mucha vuelta, eso también es importante para poder descansar en alguien: que todos los costados más débiles te los sane, que no te pegue donde más te duele.

¿Sos de mostrar tus costados sensibles?
Se ven enseguida (risas). Eso también está bueno, tiene que ver con el amor, con el cuidado del otro: poder mostrarse.

En la crianza de tu hijo, sí podés descansar en un hombre...
Absolutamente. También creo que me casé por eso, me casé a los seis meses de conocerlo (a Iván Noble, padre de Benito). Ahora lo pienso y digo: "¿No era muy rápido?". Pero lo supe enseguida, es un hombre entero, contundente, estuvimos juntos casi 7 años, entonces no creo que haya sido algo que haya fracasado, para nada, se terminó como se terminan muchas cosas, pero hoy lo veo y digo: "Qué bueno que tuve un hijo con él". También creo que él siente lo mismo conmigo, y en un lugar, seguimos siendo familia. Llega la Navidad y es raro, estamos todos juntos...

¿Sos muy sobreprotectora?
Iván es mucho peor que yo (risas). Cuando Benito está con su papá, disfruto mucho de mi independencia, me voy de vacaciones quince días con mi hermana y es divino porque sé que está con su papá y me quedo tranquila.

Eso es lo único bueno de separarse, tenés tu independencia y, a la vez, sos mamá. ¿Es una buena fórmula?
Pero yo prefiero no separarme más (risas). ¡Pobre el próximo! Que sepa que no me separo más.

 
Musculosa de seda (María Cher, $348), suéter con lúrex (María Cher, $498).  Foto: Sebastián Arpesella


Así que ahora el casting es complicado...
Sí, es para toda la vida... ¡Para toda la vida! (risas). Tengo como una cosa un poco infantil, necesito que las cosas en mi vida sean para siempre.

¿Y fantaseás con la idea de otro hijo, te lo planteás?
Sí, lo pienso, pero tendrá que ver con de quién me enamore: si tiene hijos, si no tiene; pero no tengo tanto tiempo por delante. De pasar, debería pasar en los próximos años..., dos (risas). No estoy buscando nada, pero ya di unas cuantas vueltas y sé lo que necesito.

¿Cómo es no buscar para encontrar?
Yo creo que va a pasar lo que tenga que pasar.

¿Creés en la idea del destino?
Sí, absolutamente, va a ser lo que tenga que ser, y todo lo que diga es un deseo, y está bien poder desear, porque después el riesgo es encontrarse en un lugar en el que no querés estar y saber que eras consciente de que lo querías. Entonces, si viene, viene, pero yo quiero ser honesta conmigo.

 
Camisa de gasa a lunares (Paula Cahen D´Anvers, $640), jeans cigarette (Paula Cahen D´Anvers, $510).  Foto: Sebastián Arpesella


Dicen que las cosas suceden cuando una las atrae...
Obvio, yo deseo todo el tiempo. Miro la Luna y le pido tres deseos, miro la estrella que más brilla y pido tres deseos, aunque quizá si pidiera uno, y fuera más específico, finalmente se cumpliría (risas). Pero sí, pido deseos odo el tiempo, y eso viene con los años, con conocerse, con saber lo que te va a hacer bien. Por eso lo digo siempre: me importa tener un compañero, me importa la familia, no me gustaría que fuéramos sólo Benito y yo, aunque él tenga un padre genial, tenga primos, etc. Hay algo que tiene que ver con llegar a tu casa y que te estén esperando.

¿Y quién cuida a Benito, tenés ayuda? Una persona que me cuidaba a mí cuando era chica, que vive con nosotros, así que si Benito viene un día del colegio y yo no estoy, lo están esperando igual. De chicos, ella nos cuidaba, pero cuando nos fuimos a los Estados Unidos, se volvió a Paraguay.

¿Cómo volviste a contactarla?
Yo estaba haciendo teatro en el Cervantes, un día salí y estaba ella en la puerta. Me dijo: "Yo estoy en Paraguay, vine para decirte que cuando me necesites me llames". Es muy loco, tengo fotos con ella de cuando tenía 2 años, y tengo fotos de ella con Benito a los 2 años. Es muy raro, sobre todo porque ella no cambió tanto, sólo que antes tenía pelo por la cintura y ahora no, ahora es una señora hermosa, como una abuela.

¿Qué vínculo tenés con ella, cómo articulás esa relación?
No sé, me dice "Negrita", habla por teléfono y dice: "La Negrita acaba de llegar", y si habla con mi mamá, todo bien, pero si habla con un productor... Me trata como la niña que fui, y yo digo: ¿con quién está hablando? (risas).

¿Cómo te cuidás a esta edad? ¿Qué onda el cambio de década?
Se nota rápido el paso del tiempo, pero no tuve mucho tema porque peso lo mismo que pesaba hace cinco años. Pero ya no me puedo hacer la tonta, así que empecé a ir al gimnasio. Si me pesó en algo, tuvo que ver con tomar conciencia de que no puedo esperar mucho más. Yo a los 30 lo conocí al papá de mi hijo, estaba todo por pasar, me enamoré, me casé, no me di cuenta de los 30. Y ahora que los 40 me encuentran separada, siento que viene otra etapa: se reformula todo y llega otro set de preguntas.

¿Tenés herramientas para esta segunda etapa? ¿Te sentís preparada, hacés alguna práctica espiritual, terapia?
Terapia hice mucho tiempo, terapia individual, de grupo. Y después es experiencia: ya sé qué me pasó y ya sé qué no funciona, vas aprendiendo más de lo que no que de lo que sí. Entonces, busco un compañero, un amigo, alguien que esté de tu lado; no siempre se entiende eso cuando tenés 25.

Son etapas más pasionales también...
A mí me importa mucho la pasión, pero también tiene que estar lo otro, y cuando llega el momento, tenés que querer lo mismo. Y... no hay que separarse (risas). Hace poco, vi un documental de George Harrison, le preguntaban a su mujer Olivia cómo mantuvo el matrimonio durante tantos años, y ella decía: "Bueno, simplemente no nos divorciamos". Digo, cuando hay un par de cosas de base que van, está bueno quedarse ahí.

¿Aceptar al otro es un tema para vos?
Como les pasa a todos... Yo creo que hay que avisar: mirá, esta parte tuya me está haciendo mucho daño, si algo de eso lo pudieras cambiar, estaría bueno, porque me estás dando donde más me duele. No sé, yo tengo muchas materias por rendir, tengo un máster en relaciones de sufrimiento y de celos; de idas y de venidas y de corazones rotos, de las dos partes.

¿Qué onda los celos?
Me analicé mucho y no llegué a nada, y los celos no sirven para nada. Pero he sufrido a personas celosas, que te vuelven loca, y he celado yo, y he vuelto loca yo al otro. Pero bueno, el otro no puede hacer magia, uno tiene que trabajar con uno y hay malos enganches y buenos enganches. Descubrí que hay hombres que me han calmado ese costado y hay gente que me lo ha activado de una manera descomunal.

¿Y cómo hiciste en la película Verano maldito, de tu hermano Luis, para componer a esa madre a la que se le mueren sus hijos?
Todas las personas que tenemos hijos sabemos que el gran fantasma es que les pase algo. Me interesaba saber qué pasa cuando la vida se termina y hay que seguir, la muerte de un hijo realmente debe ser la muerte total. La vida tal como la conocías ya no existe más. A mí no me dan miedo esos temas, me parece que todo lo que da miedo hay que ponerlo arriba de la mesa, yo tengo esa teoría, todos los fantasmas a la vista, no como esa gente que no quiere nombrar la palabra "cáncer", por ejemplo.

Es el tabú occidental más grande que hay...
Como la gente no se muere tanto de sida, pero se muere de cáncer, no quieren nombrarlo; dicen: "Se murió de una enfermedad larga". No, es cáncer, pongámoslo ahí, pasa todo el tiempo. Me parece más sano, es mejor decirlo, me da miedo tal cosa, tengo terror a tal otra...

¿Y qué parte de Julieta sentís que muere y renace?
Me cuesta pensar en algo porque, volviendo a los deseos y a los miedos, siempre han sido bastante parecidos. Yo tengo la teoría de que somos lo que éramos a los 6, pero en versiones más sofisticadas. Yo me siento eso, con más información, pero la misma persona.

 
Trench vintage (Juan Pérez, $300), sombrero de paño crudo (Compañía de sombreros, $260).  Foto: Sebastián Arpesella


Dicen que los hijos son maestros, ¿qué sentís que Benito te enseña?
Qué les voy a decir, es brillante. Me resulta tan conmovedor todo el tiempo y tan gracioso, tan distinto de mí: yo le digo una cosa y él me dice otra; yo hablo de cosas que para mí son importantes y él las desestima. Después, hay algo que tanto el padre como yo hicimos bien, que tiene que ver con el amor, es un chico absolutamente demostrativo, dice cosas como: "Te voy a abrazar hasta que seamos felices".

Hay una idea de que los Ortega podrían vivir sin trabajar, ¿cuánto hay de cierto en eso?
Desde que volví de Los Ángeles, a los 23, no pedí nunca más porque no lo necesité. Tengo la suerte de trabajar en un lugar donde los sueldos son muy bien pagos. No tengo fortunas ahorradas, pero vivo bien y puedo viajar. Obviamente, mi hijo tiene un papá que se hace cargo y no estoy sola en eso, pero no vivo de mis padres. Lo último que me bancaron fue cuando estudié teatro; luego empecé a trabajar y no paré. Bueno, a veces sí porque no pasaba nada; si los actores no somos millonarios, es porque ganamos muy bien, pero por siete meses no hacemos nada...

¿Cómo te definirías ahora, en qué lugar estás?
Diría que todo está por pasar, lo que ya está, ya está; agradezco a la vida haber tenido a mi hijo, haberme casado, llegar a esta edad con la relación que tengo con mi familia, con algunos amigos. Ahora, me gustaría que me pasaran otras cosas.

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