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Sobre el alcohol

 
 

Nuestra primera cita (de la cual no hablaré en detalle hoy) transcurrió en un bar, en una mesa en la calle, en el mes de diciembre. O al menos allí empezó, a decir verdad. Compartimos únicamente una botella de vino que ayudó a desinhibir y a desenredar esa situación tan rara como saber que besarás a la chica pero no lo hiciste aún. Pero tampoco es del primer beso que quiero hablar hoy, sino del rol del alcohol en la pareja.

Conocía a Silvia de antes pero, como ya fue dicho, tampoco éramos íntimos amigos, con lo cual el haber compartido esa botella de vino (no diré 50/50 pero sí un digno 60/40) me dio una buena pauta de sus hábitos etílicos. No sé por qué, pero los hombres valoramos mucho que una mujer nos acompañe en ese rito. Sentimos que se abren más las posibilidades de salidas en conjunto. No me malinterpreten, no quiero una novia borracha que mezcla bebidas y a la que tengo que tenerle el pelo cuando vomita, para nada. Por suerte, de hecho, no me tocó hacerlo con Silvia aún. Pero sí debo decir que valoro que pueda prenderse con unas copas.

Las siguientes citas también vinieron acompañadas por el trago, ya sea para tomar algo antes de ir al cine o para salir a cenar. De hecho, una de mis grandes gratas sorpresas con respecto a Silvia y el alcohol en nuestros primeros meses fue cuando me llevó a un bar especializado en whisky escocés en el que para colmo conocía al dueño, que se sentó con nosotros y nos sirvió diferentes tipos de whisky. No sólo me gustó que coincidiéramos en esta bebida (una de mis predilectas), sino que nunca había conocido a una chica que la tomara.

A partir de ahí, y por algún motivo desconocido, su vínculo con el alcohol fue decreciendo. Pasé a encontrarme pidiendo una botellita de vino de 3/8 para mí en una cena que ella acompañaba con agua sin gas, me reconoció su desprecio por la cerveza y descubrió una predilección casi fanática por el Campari con naranja, mientras decretó que ya no le gustaba cenar con vino.

Hoy, en una repisa a un costado de la biblioteca, tenemos orgullosos nuestro mini-bar: una botella de whisky a medio tomar que me regalaron sus amigas para mi cumpleaños, el Fernet y el Campari que no pueden faltar, un Cynar que es el nuevo gusto adquirido por Silvia, varias botellas pequeñitas que me trajeron diferentes amigos que viajaron y que siempre me dio pena abrir, una botella de ron de mala calidad heredada del festejito de inauguración de la casa, y la coctelera que Silvia se compró pero todavía no usó.

Les dejo una foto de nuestra "bodeguita":

 


Publicado por Silvio.

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