Hace algunos años, G decidió dejarse la barba. Al principio era sólo una sombra, que le daba un look de desaliñe atractivo, pero fueron pasando los días y se convirtió en la barba de mi papá y luego de unos meses en una frondosa mata estilo Che Guevara. No hubo un día en que no le preguntara: "¿Cuándo te vas a cortar la barba?". Simplemente no me gustaba. Pero él estaba feliz, observaba sensaciones nuevas, como por ejemplo que el viento se la despeinaba, y la había convertido en su objeto fetiche. "¿Cuándo te vas a cortar la barba? No me gusta cómo te queda", insistía. Pero no había caso. Una vez llegó a decirme: "Si querés alguien que haga lo que vos quieras, entonces comprate un perro". Pero para mí el tópico barbudo era ya una cuestión de vida o muerte. Pensaba: ¿por qué si a MÍ no me gusta, se la deja?
Hasta que un día amanecí sobresaltada: ¡¿había un tipo extraño en mi cama?! No, era solo que G se había afeitado.
Entonces descubrí todo el tiempo que había perdido en el fastidio de que no me hiciera caso, de que él no fuera como yo quería. Durante meses me hice mala sangre con el tema, perdí tiempo en interrogarlo sobre cuándo finalmente volvería a ser el hombre que yo había elegido. Pero, como dijimos el otro día, todo cambia, ¿no? Me di cuenta, entonces, de que debía aceptarlo tal cual era. Que eso que me enojaba de él, era lo que más amaba: su libertad, su convicción, su firmeza. Esta existencia es tan vasta y tan ecléctica, y eso es lo que la hace maravillosa. Imagínense si todos pensáramos lo mismo, actuáramos igual, tuviéramos los mismos valores y fuéramos parecidos... sería aburridísimo. Esta vida es enriquecedora gracias a las diferencias, por eso me gusta este espacio, porque reúne diferentes voces. Aún me cuesta la discrepancia agresiva, porque pienso que cuando una idea a uno no le gusta, propone una nueva, con respeto. Además, lo maravilloso del ciberespacio es que hay lugar para todos, y que cada uno puede elegir dónde se siente cómodo.
Mientras, pongo mi energía en aceptar a las personas (y comentarios) tal cual son, haciendo lo posible por no esperar que hagan lo mismo conmigo (¡aunque, confieso, me gustaría!, je)". Y elijo la sinceridad, que a veces viene con barba y otras con una afeitada al ras.
¿Qué opinás?, ¿qué cosas no aceptás?, ¿qué estás resistiendo?
Lindo martes de amor y paz.

Nombre: Sole Simond
Edad: 32 años
Profesión: Además de ser editora de OHLALA! desde que arrancamos, soy instructora de respiración de la Fundación El Arte de Vivir.
Estado civil: En veremos.
Mascota: Kali, una gatita siamesa.
Sueño: que este blog nos conecte con esos espacios que nos hacen bien.
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