Día de playa como cualquier mortal, almorzar con amigos, dormir siesta (impostergable)... Pero no dejo de entrenar. En vacaciones, en la playa, todo el ocio que se me ocurra, pero en algún momento del día me pongo en movimiento. Esta es la máxima para no tirar al mar años de rutina que sigo para moldear más el cuerpo, estar sana, sentirme bien y cumplir con las exigencias de mi trabajo. Mentiría si les digo que adoro matarme a gimnasia... No está mal, pero no soy una fanática. Lo necesario.
Como ya conté alguna vez, dependiendo de la ciudad en la que me encuentro hago un entrenamiento diferente porque cambian los espacios, los profesores, el clima... Hace dos años descubrí el ski acuático y me fascina cuando estoy en lugares con mar. Me divierto muchísimo y es un deporte que me hace trabajar todos los músculos del cuerpo, en especial las piernas.
Todas las tardes, desde que llegamos a Punta del Este, salgo con mi instructor que me da clases en la laguna artificial de su chacra. Aquí les dejo unas instantáneas:
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