Ya estamos casi en diciembre... Pero... ¿cómo que ya estamos casi en diciembre? Sí, cuando te quisiste acordar, a tu agenda ya le queda apenas un puñado de hojas sin estrenar, tuviste que bajar la caja con la ropa de la temporada veraniega del placard y la sensación que sobreviene -además de la de no poder creer que el año haya pasado tan rápido- es: "Necesito vacaciones ya mismo". Tranquila, nos pasa algo parecido a todas: basta con salir a la calle y observar a la gente, moviéndose casi por inercia, con un restito de energía que le queda para estos últimos meses del año. Llegamos siempre con lo justo a esta época de año ¡Y menos mal que el clima nos ayuda! Los días soleados nos traen un poco de energía y tratan de recargarnos las pocas baterías que nos quedan.
Estamos cansadas y tenemos menos recursos. Es lógico que el cartelito de low battery se instale en nuestra mente y en nuestro cuerpo: fue largo el camino recorrido y mucho el estrés acumulado durante el viaje. "¿Hay que seguir? ¡No doy másss!", pareciera ser el mensaje que nos susurra al oído nuestro yo interior. Y sucede que cuando nuestro sistema registra la falta de energía, nos asustamos un poco, porque el "no puedo" amenaza con instalarse y pasarnos una película de terror titulada "Soy débil, me sale todo mal y no sirvo para nada" , cuya heroína somos nosotras mismas.
Aprender a fluir
Pero antes de enroscarnos con todo este ronroneo mental, te proponemos parar un poco la moto. OK, estos dos últimos meses pueden parecerte -así, a lo lejos- una ola gigante que amenaza con revolcarte y llenarte la bikini de arena. Pero ¿qué tal si lo damos vuelta? ¿Pensaste que quizá ya estés subida encima de esa ola gigante? ¿Y que lo único que tenés que hacer es dejarte llevar hasta la orilla?
Confiemos en que ya hemos puesto todo lo necesario en marcha: que tenemos los pies firmes sobre la tabla de surf, que la velocidad crucero nos permite disfrutar el horizonte y que la inercia del impulso de nuestra propia vida será el viento que sople para dejarnos acompasar a ese ritmo y seguir avanzando plácidamente. Ahora no es momento de intentar maniobras imposibles, de dar "volantazos" que cambien drásticamente tu rumbo o de proponerse nuevos objetivos y ambiciones, sino más bien de "freezarlos" un poco y avisarles que recién vamos a poder prestarles atención en febrero. O cuando cada una considere que ya ha recuperado las fuerzas. ¡Ojo! Esto no quiere decir que cajonees todo hasta febrero, sino que trates de evitar la sensación de fracaso que puede sobrevenir si encarás algo nuevo cuando no tenés la energía necesaria para sostenerlo. Eso es, básicamente, aprender a fluir.
Activar nuestra mente acuática
"Vaciá tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si ponés agua en una taza, se convierte en la taza; si ponés agua en una botella, se convierte en la botella; y si la ponés en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Amigo mío, sé como el agua. El agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo." ¿El autor de la frase? Bruce Lee, el actor chino experto en kung fu, quien aplicaba esta filosofía a la hora de enfrentar sus desafíos de artes marciales orientales. Y la idea no es que te pongas a dar patadas voladoras, sino aprovechar esta época del año para tratar de incorporar a la vida cotidiana ese estado de "mente acuática" que circula acompasada al ritmo de los eventos de tu vida. Fluir es soltar un poco, es animarse a perder las formas y despegarse de ese circuito de "dale, hay que hacer más, más, más, más...", que ni siquiera te permite disfrutar de todo aquello que has estado logrando durante el año. El consejo de Bruce es sencillo: "Dejá que fluya". El mismo que te da una amiga cuando recién conocés a un chico nuevo en un bar, ese que también te recomiendan cuando las cosas no salen tal cual una las había planeado o imaginado. Fluir es no resistir ni enroscarse en seguir buscando objetivos nuevos y desafiantes todo el tiempo, sino meterse en un estado de "espera", confiada en que todos aquellos procesos que pusiste en marcha -tus logros de este año- están ahí, manteniéndose, haciendo equilibrio y, de algún modo, circulando en tu vida. No hace falta que les estés encima ni que les prestes demasiada atención. Confiá en ese impulso que te da tu propia vida para seguir avanzando -serena, con la sensación de satisfacción y la mente aquietada- por lo que queda de este año.
Si no querés formar parte de la fila de personas que andan por estos días al grito de "estoy quemado/a" o "no veo la hora de que se termine el año", comprometete con una actitud distinta, que se aleje de la idea que promueve la sociedad actual, acostumbrada a creer que la única manera de tener éxito es mediante el esfuerzo, el trabajo excesivo y la renuncia a nuestro placer. Muy por el contrario, concentrate en "domesticar" eso que ya tenés, que conseguiste, ya sea un trabajo, un novio, un buen estado de salud, un reconocimiento, un tiempo para vos misma o probablemente un poco de todo eso. Disfrutalos y nutrilos. No les quites atención por ser logros "viejos". Y como dice Bruce: que tu mente sea como el agua, menos ansiosa por lo que vendrá y más confiada en que, a esta altura del año, "lo hecho, hecho está".
Administrar nuestra fuerza
OK, fluyamos, entonces. Pero el tema es que a veces no resulta tan fácil, aunque parezca lo más simple del mundo. ¿Por qué? Porque fluir representa un esfuerzo enorme para nuestra mente: claro, a la cabeza le gusta tener todo organizadito y programado, y se siente activa cuando produce, cuando hace, cuando busca nuevos objetivos. La mente se pone ansiosa cuando tiene que esperar o cuando la incertidumbre le tapa el horizonte y no le deja ver claramente qué es lo que se viene. El no saber desespera y, al mismo tiempo, atenta contra el ritmo natural de los sucesos de la vida. Por eso, invertimos tanto tiempo (¡y tanta energía!) planificando, organizando, estructurando cada aspecto de nuestra existencia. Queremos que nada se salga de los planes y escape a nuestro control. Porque... ¿qué pasaría si surgiera algo nuevo que no teníamos programado? ¿Eh? ¿Qué pasaría si simplemente nos dejáramos llevar e improvisáramos un poco?
Aprender a improvisar
Las técnicas de improvisación, tan usadas actualmente en las áreas artísticas como la danza, la música, el teatro o la escritura, pueden ser herramientas muy útiles a la hora de quitarles esa sensación de pesadez o de esfuerzo controlado a las cosas que nos pasan todos los días y de ayudarnos a fluir naturalmente. ¿Alguna vez viste a músicos de jazz tocando en una jam session? La premisa es sencilla: sólo asisten a un lugar con sus instrumentos y se encuentran para hacer música. No saben qué. No tienen partituras ni ensayos previos; algunos ni siquiera tocan juntos generalmente. Cualquiera sospecharía que un concierto basado en esas características jamás podría salir bien. Y resulta que la música es sencillamente increíble. ¿Por qué? Porque al improvisar, entran en un flujo creativo que les hace perder las formas, los enfrenta al abismo de lo desconocido, y entonces simplemente accionan desde otro lugar -menos racional y más intuitivo- en donde no existen tantas reglas.
La sociedad en que vivimos no nos prepara para que hagamos la plancha. Mucho menos para ponernos a improvisar sobre la marcha. Pero allí es donde tenemos que hacer silencio y escuchar a nuestra vocecita interna que nos grita pidiéndonos que bajemos la autoexigencia por un rato: "¡Ya hiciste mucho por este año, ahora aflojá!". Por eso, armá tu propia jam session.
Tené confianza en vos misma: para improvisar, un músico debe no sólo confiar en que sus compañeros lograrán acompasarse a su melodía, sino también descansar en el hecho de que él también sabe tocar.
Dejar que la música te sorprenda: en vez de tener la expectativa de que algo "suene" de tal o cual manera.
Mantenete permeable a los sonidos externos: de esta manera -desde la aceptación del entorno- podés construir una mejor melodía.
- Abrirle la canilla a nuestra mente-agua: permití que el flow (el flujo) creativo se apodere de nosotras y nos arrastre con él. ¿Sabemos a dónde nos está llevando? ¡No! Pero ¿acaso nos importa demasiado?
- Disfrutá la orquesta que ya suena: confiá en que la música de tu año ya está sonando: hay mucho que pusiste en marcha durante estos meses, y esas ideas, esos proyectos o esos logros se están desarrollando. Dejalos que improvisen hasta 2012.
Ahora, descansá...
"¿Y qué hago con todo lo que me falta? ¿Con aquello que dejé a medio camino? ¿Con esas cosas que no logré?", se preguntará tu mente. No son problemas para solucionar ahora, cuando estás cansada y tenés muchos menos recursos para afrontarlos. Dejá las carencias para cuando estés con más energía. Y mientras tanto, relajate con la confianza de que si mientras estás haciendo la plancha surgen cosas que requieren tu atención, algo te va a estar avisando. Porque puede suceder también que cuando ya des por terminado tu año "movidito" y estés planeando bajar el ritmo de tus rutinas para descansar, aparezca algún desafío nuevo e imprevisto. ¿Un cambio laboral en noviembre y quedarte sin vacaciones? ¿Una cita a ciegas con alguien que tu amiga te quiere presentar desde hace meses y venís rechazando? A priori, la respuesta podría ser: ¡de ninguna manera! Pero tené en cuenta que si apareció, por algo es. Así que... fluí con eso, acomodate con esa nueva tarea, y vas a ver cómo se despiertan esas fuerzas que creías no tener hasta entonces.
...Y dejate llevar
Éste es otro concepto que puede ayudarte a barrenar la ola de fin de año. Existen dos maneras de ser eficiente: una es acomodarse, o sea, dialogar y adaptarse a la realidad, y la otra es imponerse, insistir hasta que las cosas se hagan como uno quiere. Por ejemplo, si venís con ganas de remodelar tu casa y/o buscar un lugar para mudarte, pero eso te exige salir, buscar presupuestos, contratar albañiles o recorrer inmobiliarias durante los únicos ratos libres del fin de semana, quizás en este momento no tengas la fuerza suficiente para encarar semejante desafío. "Acomodarse" implica entonces tener la sabiduría para decir: "OK, ahora no puedo con este proyecto tan grande, así que lo pongo en un estante hasta que pueda, en febrero o marzo, y hoy me dirijo sin autocríticas ni sensación de fracaso a realizar algo que también me está esperando, pero a la altura de mi fuerza real". Y quizá decidas retapizar las sillas del comedor o cambiar la cortina del baño. Algo en una escala muchísimo menor al proyecto original y titánico, pero que te da esa sensación de seguir avanzando. Por el contrario, "imponerse" es no darse respiro hasta encontrar esa casa soñada, o embarcarse en una remodelación que termine chupándote la poca energía que te quedaba para el tirón final del año. Y sí, quizá llegues a conseguir la meta... pero ¿a qué precio? Por eso, buscá objetivos que estén a la altura de tus recursos y sólo ocupate de aquellas cosas que puedas. Prestales atención a tus estados de ánimo y confiá en ellos. Si estás agotada, es porque ya hiciste demasiado y podés estarlo. Acomodate a lo que venga. Fundite con la ola, plena de confianza y sabiendo que la orilla no está muy lejos. Y sobre todo: ¡disfrutá de lo que queda del camino!
Por María Eugenia Castagnino- No te prepares, solamente aparecé
¿Alguna vez te mandaste sin tener certezas de nada? Lo interesante es que sin preparación, también bajan automáticamente las expectativas y la presión de tener que actuar exactamente como se debe. Es decir: "OK, estoy acá, observo a mi alrededor y voy viendo qué sale, cómo me voy sintiendo"... Y esto puede aplicarse a un trabajo nuevo, a la llegada de un hijo, a la primera cita con un chico nuevo o al primer día que vas a una clase de chino. El tema es, simplemente, estar presente... y fluir con eso.
- Sé mediocre
Cuando uno está improvisando, autoexigirse no es una buena idea. Porque justamente se trata de olvidar un rato los resultados y las performances, intentando simplemente "ser". Lo que salga -quizá bueno, quizá no tanto- va a estar bien. Siempre somos más tolerantes con los demás que con nosotras mismas. Aparte... ¿cuál es el problema si no sos la mejor? Bajar el umbral de perfección permite que la mente no se meta tanto y empiece a boicotearte.
* Por Patricia Ryan Madson. Ex profesora de arte dramático de la Universidad de Stanford; a partir del trabajo con sus alumnos, escribió Improv Wisdom.
¿Cómo te sentís a esta altura del año? ¡Compartí tu experiencia!
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.Enviar un comentario implica la aceptacion del Reglamento