Todo listo para escaparse a las 3 de Buenos Aires rumbo a Rosario, "para no agarrar el tráfico de la 9 a la tarde un viernes" me aclara Pedro. Al mediodía tengo que salir corriendo a comprarle el regalo a la sobrina de 3 con la intención de no caer en la ropa; que siempre pienso que a esa edad es más bien un regalo para los "señores padres". Un juguete pero con onda, unos libros, algo que no sea el jardinerito con la remera o el vestidito con volados.
-Vas a conocer a los suegros.
La recepcionista se entera de tu vida antes que vos. Habló con Pedro ayer se ve y le dijo que nos íbamos a Rosario.
-Ya los conozco hace como 5 años, nena. Y no les digas suegros que me baja la presión.
-¿Y dónde van a dormir?
-Ay, no sé, mirá las cosas que preguntás...
Llego a mi escritorio y marco su número.
-¿Dónde vamos a quedarnos?
-En lo de los viejos supongo...
De repente me vi durmiendo en la cama que usaba Pedro de chico y la escena de cada uno en su cama me pareció completamente deserotizante.
O todo lo contrario. No me termino de decidir.
Allá voy, a ver a "los suegros". Je, que raro que suena.
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