Ella es muy graciosa cuando lo cuenta, porque dice: "Estoy de novia" y se pone toda colorada, como si sus 35 años, de repente, fueran 15. Empieza a reírse y se va. Entonces, una trata de atajarla y le pregunta: "Pero ¿cómo fue? ¿Dónde lo conociste? ¿Qué pasó?".
Ella -que se sigue riendo y pone cara de "me importa un bledo si no me creés"- contesta:
-Lo pedí.
"¿Lo pediste? ¿A quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¡Pasame la URL de ese lugar, ya! ¿Dónde hay que formar fila? ¿En qué boliche? ¿O fue en un bar?"
Pero ella mueve la cabeza diciendo que no, que por ahí no va la cosa. Y cuenta la conversación que tuvo con su profesora de meditación: "No te das una idea del poder que tiene tu palabra; vos pedí tranquila y él va a llegar. Pero pedí con detalle, ¿eh? Porque pediste un abogado y te vino un abogado, pediste un aventurero y te vino un aventurero, pero te faltaron los detalles. Entonces, pensá bien qué querés y pedí en consecuencia. Y hacete cargo de lo que pedís".
Ella hizo su listita en la cabeza y lo elevó. ¿A Dios? ¿Al universo? ¿Al cosmos galáctico? Dice que no sabe bien adónde; que se conectó con ella misma y mandó sus pensamientos "hacia arriba". Alguno escuchó, porque a los quince días el muchacho apareció.
Si yo no la conociera tanto, pensaría que está loca. Y le diría: "¡Andáaaa! Está lleno de mujeres que mueren por volver a enamorarse y armar una pareja estable, sana, comprometida; ¿y vos me decís que lo pediste?". Pero guardo mi escepticismo y le digo que me siga contando. Ella intuye que yo no le creo del todo y me reta: "Si querés saber, abrite, dejá por un minuto de lado tu mente, filtrá todo lo conocido y escuchame desde tu ser más profundo". Le hago señas de que siga, que la escucho, que no me voy a reír.
A las pocas semanas, lo conozco a él. Debo confesar que me lo imaginaba como una especie en extinción de príncipe azul caído del cielo (o de alguna montaña cercana). Pero de personaje de cuento, con caballo y capa, no tiene nada. Es un señor de esta tierra con características –endógenas y exógenas– idénticas a las que mi amiga pidió.
Me interesa conocer su versión: ¿él también habrá "pedido" y le cayó mi amiga? Dice que entró y la vio. Que llegó a un evento donde había 800 personas y que sus ojos se fijaron en ella, que todo lo demás perdió foco, que la música y las voces eran un eco lejano. "Ah, ¿ese día la encaraste?", le pregunto. "No –me explica–, ella ni me miró. Pero yo estaba calmado, nada me apuraba. Sabía que ella existía, y era todo lo que necesitaba saber." Después vinieron unos mails, unos llamados, unas ricas comiditas y una buena cama. Y amor, claro. Y risas, mucho amor y risas, fundamental.
Me viene a la cabeza la nota que hicimos en el número 3 de OHLALÁ! (junio de 2008) sobre el boom de El secreto, de Rhonda Byrne, y cómo poner en práctica la ley de atracción. Tanto el libro como la peli hacen hincapié en creer en lo que deseamos. Y explican que los seres humanos funcionamos como grandes antenas transmisoras mandando y recibiendo señales con el universo: si sintonizamos en frecuencias positivas, va a venir lo positivo y sólo vamos a atraer cosas buenas. ¿Esto tendrá que ver con la historia de mi amiga y el delivery de novio? No tengo la respuesta. Sí puedo dar fe de que acaban de cumplir un año juntos y se los ve muy bien. Y cuando le pregunto a él qué librito leyó para ser taaaan hombre con mi amiga, me dice: "No leí nada de eso, yo siento que tengo alguien que me sopla al oído".
Cariños,
Felicitas
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento sera eliminado e inhabilitado para volver a comentar.Enviar un comentario implica la aceptacion del Reglamento