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Número 25 - Abril 2010

Felicitas Rossi, Directora Editorial de OHLALÁ!, reflexiona sobre el amor incondicional. Leé el editorial y dejá tu opinión.

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"No le critiques OHLALÁ!, porque te salta al cuello", dijo un amigo de la infancia, refiriéndose a mí. Intentaba molestarme, pero lo curioso fue que lo recibí como un halago. Traté de ponerme en su lugar, de entender por qué a alguien no le parecería bien que defendamos lo que queremos. Quizá, reflexioné a modo de autocrítica, tiene que ver con que –una vez más– el amor es ciego. Y cuando estamos enamoradas, hasta los defectos del otro nos parecen divinos. Perdemos, en alguna medida, la objetividad.

"¿Y vos por qué saltarías al cuello?", le pregunté. "¿Yo? Por nada", me contestó con una seguridad de juez de Corte a punto de dictar sentencia. Me estaba mintiendo, lo sé. Y no porque tenga muchos capítulos de Lie to Me encima. Me mintió porque esconder los sentimientos y mostrarse como un ser "controlado", hoy en día, está de moda. Se esconden los sentimientos para tener mayor manejo del poder, para no deschavarse. Igual que en una operación inmobiliaria: si decimos: "Ayyy, me encanta esta casa, muero por comprarla", seguramente tendremos menos chances de conseguir un mejor precio, porque ya pusimos los sentimientos sobre la mesa. Ya nos deschavamos.

Creo que es una obligación moral defender nuestros amores. Es más fácil pensarlo en personas... Cualquier madre saltaría al cuello de alguien que intentara hacerle algo a su hijo. La evolución no se ocupó de hacer sentimientos diferentes entre las cosas y las personas; entonces, si atacan mi casa, también salto a defenderla.

OHLALÁ! cumplió 2 años de vida. Esto nos da razones más que suficientes para seguir tan enamoradas de esta comunidad de mujeres como el primer día. Cualquiera de las chicas que trabajamos acá mostraría garras y colmillos si se metieran con OHLALÁ! No desde un lugar de "somos dueñas de la verdad". Nada más lejos. Defendemos lo que amamos, pero nos podemos estar equivocando. La vida se encargará de enseñarnos si los riesgos que nos animamos a tomar son o no un error.

Estamos hechas para defender y cuidar lo que queremos. No podemos ir contra nuestra naturaleza. Quizá la vida sería más simple si viviéramos en un estado de "ommmm" constante. No siempre sale. Se necesita adrenalina, caos y pelea para que después surjan el orden, la tranquilidad, la paz. Somos caos y orden. Intentar que sólo seamos orden es tan limitado como pensar en blanco y negro.

Acá estamos, soplando dos velitas, con más dudas que certezas, con ganas de seguir construyendo una marca que te ayude a mejorar tu calidad de vida. Que la leas y los temas queden resonando en tu interior, que te quedes pensando en por qué cosas o personas le saltarías al cuello al que osara meterse con ellas.

En lo personal, les saltaría al cuello a los que venden espejitos de colores y a aquellos a los que les conviene que las mujeres sigamos adormecidas. Insisto, chicas: el mundo nos necesita despiertas.

Cariños, Felicitas Rossi,
Directora Editorial

 
 
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