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Me voy a vivir sola

Consejos prácticos para que puedas transitar uno de los momentos más importantes de tu vida; conocelos y opiná.

 
 

Finalmente, tomaste la decisión, laboralmente todo marcha bien y los números -hace un tiempo ya- cierran como para contar con tu lugarcito en el mundo. Sentís un poco de ansiedad, pero estás ciento por ciento segura de la decisión que estás tomando y, aunque te dé un poco de miedo, te encontrás dispuesta a transitar el cambio con valentía. La idea de empezar a involucrarte con lo que conlleva ser responsable de tu departamento te mantiene llena de energía y entusiasmo. Pero calma, es fundamental que tengas en cuenta tres factores muy importantes antes de poner manos a la obra: el emocional, el arquitectónico y el financiero.

Factor emocional

Me voy con una amiga: Es claro que el tiempo para irse de la casa de los padres depende de cada historia personal, pero, a grandes rasgos, es fundamental que estés preparada emocionalmente. Uno de los primeros interrogantes que vienen a la mente es: ¿me voy sola o con una amiga?. Compartir el departamento tiene varias ventajas, no sólo desde lo económico, sino para no sentirte tan sola. En este caso, la condición sine qua non antes de irse a vivir juntas -más allá de compartir el 50 por ciento de todos los gastos del departamento- será establecer pautas de convivencia acordadas libremente por ambas partes.
Antes de sellar el contrato con tu amiga, será necesario tener una charla muy sincera acerca de las debilidades y las fortalezas de cada una, así podrán dividir las tareas según estas pautas. Y, por supuesto, deberán turnarse en aquellas obligaciones que ninguna de las dos se sienta con ganas de hacer . Las listas con turnos pegadas en la heladera o en algún lugar visible suelen ser muy útiles.

Me voy sola: Vivir sola no es sinónimo de estar en soledad. Lo ideal es que los primeros días en tu departamento evites estar mucho tiempo sola. Invitá amigos, hermanos, familiares. No sólo te pueden dar una mano con los últimos detalles, sino que, además, serán una excelente compañía para que vos no te expongas a un espacio que, sobre todo las primeras semanas, te cuesta sentir como propio. Pero no te preocupes: el sentido de pertenencia llega con el tiempo. Tu casa va a ser realmente tuya cuando en ella habiten tus historias.
Si sos miedosa, tomá ciertas medidas de seguridad: elegir, por ejemplo, un departamento en una calle iluminada, cuyo edificio de al lado cuente con seguridad en caso de que el propio no la tenga. Optar por una avenida, mudarte cerca de familiares o conocidos, comprar un perro, blindar la puerta de tu departamento y, si alquilaste un PH, podés averiguar sobre la posibilidad de poner alarmas. Existen servicios desde $90 por mes.

Factor arquitectónico

¿Qué buscar?: Para una joven profesional, un departamento de 40 m2 es ideal, pero la prioridad, a la hora de elegir, es la ubicación. Es importante elegir un buen edificio con una buena planta, esto quiere decir: sin recovecos ni muchas habitaciones pequeñas.
El monoambiente, cuya superficie oscila entre los 35 y 40 m2, es una buena opción. Un único espacio franco y simple, en donde se pueda armar un dormitorio separado de un área de trabajo o living por un lindo mueble y una barra con cocina, es mejor que un dos ambientes con pasillitos, roperitos y circulaciones tortuosas. Eso sí, es difícil encontrar uno con un lindo balcón.
Los expertos consultados coinciden en que entre frente y contrafrente no todo está dicho, dado que si el corazón de manzana es abierto, el contrafrente puede llegar a ser más silencioso y más luminoso, y que por más que no nos fascine habitar en el 13o "J", vivir en un edificio con muchos departamentos por piso hace que las expensas sean menores.
¡Ojo!, la orientación del departamento es un dato importante, dado que si es hacia el Norte, tendrás sol la mayor parte del día; hacia el Este, por la mañana temprano; hacia el Noroeste, a la tarde; y hacia el Sur o Sureste, nunca.

¿Es necesario remodelar?: Uno de los errores más comunes a la hora de encarar una remodelación es detenerse en la cosmética de la obra, es decir, prestarle más atención a los revestimientos, colores de las paredes o terminaciones que a los temas eléctricos y sanitarios -lo que no se ve-, que en realidad son mucho más importantes.
Si vas a alquilar, también podés hacer sencillas remodelaciones que te permitirán hacer de ese espacio "tu" lugar: cambio de muebles de cocina, revestimiento de cemento alisado sobre cerámicos (queda bárbaro y evitás una obra húmeda), cambio de espejos, etc.

Factor financiero

La libertad tiene su precio: Sí, el solo hecho de pensar en todas las cuentas a fin de mes te da un poco de miedo, pero lo importante es entender que el miedo subyace a cualquier cambio y es parte constitutiva del proceso, una reacción natural, sobre todo cuando estamos hablando de uno de los momentos clave en la historia personal de desarrollo y camino a la adultez.
Rápidamente llegarás a la conclusión de que es probable que después de pagar el alquiler, las expensas, el ABL, el supermercado, el teléfono, la luz, el gas, el agua e internet, entre otros, no te quede mucho resto como para salir a bailar o a comer con tus amigas, ir al cine cuatro veces por mes o comprarte ropa. ¡A no desesperar! Recordá que te vas porque vos elegís tener tu propio espacio y para esto va a ser necesario el sacrificio de ciertas cosas... No es tan grave.

Haciendo números: Los precios dependen de la ubicación, la calidad del edificio y la luz. A rasgos generales, entonces, un departamento en Capital Federal cuesta, hoy en día, entre 50 mil y 100 mil dólares, y el alquiler se encuentra entre los 900 y 1800 pesos. Antes de señar, prestá atención al estado integral del edificio, porque a tu departamento lo podés arreglar, pero que el consorcio no mantenga bien el edificio es indudablemente un problema.
A su vez, es de suma importancia que los papeles del departamento que estás comprando estén en orden
En caso de alquiler, hay que cubrir la comisión del 5 por ciento (más IVA) de la inmobiliaria sobre la totalidad del contrato de locación (el mínimo es dos años, pero hoy en día se puede pactar por un año), el depósito de garantía (uno o dos meses de alquiler, que serán devueltos al término del contrato) y los gastos de averiguación de dominio e inhibición de la propiedad del garante (que van desde los 150 hasta los 250 pesos).
En caso de compra, hay que cubrir la comisión del 4 por ciento (más IVA) de la inmobiliaria sobre la totalidad de la transacción; el valor de la escritura, que será entre el 1,5 y el 2 por ciento de lo escriturado, y los impuestos de sellos y de transferencia del inmueble (que deberás negociar con el vendedor).

Por María Güiraldes | Ilustraciones de Paula Mariasch

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